¿Qué tienen en común Christine O’Donell y el marqués de Sade?

Christine O’Donell, del Tea Party, será la candidata de los republicanos de Delaware en las elecciones para el Senado de US en Noviembre. Pero si uno busca su nombre en Google, la palabra a la que aparece unido no es “race” (de carrera electoral) o “candidate,” sino “masturbación.” Un sinfín de medios se han hecho eco de un vídeo que ha rescatado la cadena MSNBC, en el que O’Donell, en un programa de MTV en 1996, explicaba que la masturbación es “un pecado” con una cuasi tautología: uno no se puede masturbar sin lujuria y toda lujuria es pecado, ergo, la masturbación también lo es. AOL News, The Washington Post, The New York Times, ABC News, CBS, The Telegraph, y The Guardian, entre otros, citan estas declaraciones de O’Donell aunque no entran directamente a valorarlas, quizá porque da la sensación de que dicen bastante por sí solas. Pero sí les dan importancia. The Guardian ha entrevistado a O’Donell y ha insistido en conocer su opinión actual sobre el tema, sin éxito: “Preguntada acerca de si aún cree a día de hoy que (la masturbación) es un pecado, O’Donnell esquivó la pregunta. “Es irrelevante para la carrera electoral,” dijo, pasando a otro tema.” (Ewen MacAskill, “Christine O’Donnell interview: ‘The Republicans have lost their way,” guardian.co.uk, 15 de Septiembre de 2010) The New York Times asegura que O’Donell “se ha convertido rápidamente en la mujer conocida por los Americanos como la que, en una ocasión, profirió extremas advertencias acerca del impacto negativo de la masturbación” (Jennifer Steinhauer and Jim Rutenberg, “Rebel Republican Marching On, With Baggage,” nytimes.com, 15 de Septiembre de 2010)

El quid pues, y lo más irrisorio a primera vista, es que la candidata del Tea Party haya identificado la masturbación con la lujuria y el “pecado.” Ante esta interpretación,  y si uno está en contra, lo lógico parece ser rebatir esta identificación. Es el caso de muchos de los comentarios que se vierten en internet. Un ejemplo, los que se hacen al texto de Linda E. Beyerstein, de The Media Consortium y publicado en varios sites: “la masturbación es una expresión saludable y totalmente normal de la sexualidad humana,” (“Weekly Pulse: Anti-Masturbation Crusade Christine O’Donell is Master of Her Domain,” rhrealitycheck.org, 15 de Septiembre de 2010). El blog de The Injury Board, una red nacional de abogados especializados en daños personales, recoge una crítica similar: “Mientras que el consenso de la comunidad médica es que la masturbación es una expresión perfectamente normal de la sexualidad, O’Donell y el Tea Party parece ser partícipes del punto de vista, científicamente refutado, de que el acto es dañino, al menos desde una perspectiva moral.” (David Mittleman, “Does Christine O’Donell Winning Mean the End of Masturbation?” injuryboard.com, 14 de Septiembre de 2010

Si bien poner el acento en lo sano que es masturbarse es una forma de rebatir a O’Donell, no es la única. Como alternativa, se puede decir lo mismo que dicen sus católicos seguidores (aunque por muy diferentes razones): “La masturbación es pecado, y qué?” (“Christine O’Donell Opposes  Masturbation: So What?,” the-american-catholic.com, 15 de Septiembre de 2010) La dicotomía entre sexualidad como algo sano y “normal” versus sexualidad como algo “pecaminoso” no hace otra cosa que reforzar la interpretación de las prácticas sexuales como algo que se sitúa, según la persona que opine, en un arco entre dos extremos. Pero también podemos salirnos del tiesto y decir, con O’Donell: “la masturbación es lujuria,” y continuar, con Sade: “estupendo, adelante.”

Es aquí justamente donde reside la similitud entre la conservadora O’Donell y el marqués de Sade. En la negación del concepto de sexualidad como algo primordialmente higiénico y saludable. A partir de ahí, cada uno toma un camino distinto, llegando a conclusiones totalmente opuestas. Mientras que O’Donell condena la sexualidad como “pecado” por su carácter lujurioso, Sade la venera justamente por lo mismo; mientras O’Donell interpreta la práctica del sexo de forma maniquea (bueno si es para la procreación dentro del matrimonio católico, malo si no lo es), Sade rompe con los límites al analizar la sexualidad humana e incide, como han señalado varias representantes de diferentes corrientes feministas, en la dominación y la crueldad en el sexo, sobre todo respecto a la experiencia de la mujer.  En este sentido, la socióloga de la UNED Raquel Osborne se pregunta en un ensayo lo mismo que Simone de Beauvior en 1955: “¿Hay que matar a Sade?” (Osborne en Maquieira 1990) Osborne recuerda cómo varias feministas anglosajonas en los 80 hicieron lo propio, centrándose en una interpretación de la obra de Sade como un símbolo inequívoco de su misoginia y de su exaltación de la violencia contra las mujeres. Osborne argumenta que treinta años antes, Beauviour había ido ya mucho más allá que estas feministas postmodernas en sus lecturas de Sade, desentrañando el papel central que tiene la trasgresión en la obra del marqués. El sadismo del escritor tiene mucho que ver con una interpretación de la sexualidad como una forma radical de romper con convenciones morales sobre el género, el sexo e incluso la condición humana, y de ahí la crítica feroz de Sade a la idea de la mujer como madre y el sexo como procreación, o su defensa del placer del sexo anal entre personas del mismo o diferente sexo, lo que él llamaba sodomía. Tal y como apunta Osborne citando a Beauviour, Sade tenía en cuenta que en la sexualidad humana poder, vicio, lujuria, e incluso injusticia pueden perfectamente estar sentados a la mesa de juego: “(…) S. de B. comenta que Sade fue el único que en su tiempo supo ver en toda su profundidad esta conexión entre sexualidad y egoísmo, tiranía y crueldad.”

Cuando los detractores de Christine O’Donell argumentan que la masturbación es una expresión “normal” y “sana” de la sexualidad humana, es inevitable preguntarse: ¿y en qué consiste una expresión “anormal” e “insana”? Osborne cita a Susan Sontag precisamente para oponer esta visión sanitarizada de la sexualidad, “extendida en los sectores más educados de la sociedad” a la persistencia de lo obsceno: “Para estos sectores, la sexualidad es una ‘función natural placentera,’ y lo ‘obsceno’ es una convención.” Por el contrario, para Sontag, Sade fue de los primeros en ver que lo obsceno es “una noción básica de la conciencia humana.” Masturbarse, o practicar cualquier otro tipo de acto sexual no tiene porqué necesariamente ser presentado como algo “sano” o “saludable” en aras de su justificación como expresión “normal” de la condición humana. El sexo, como señala Sontag citada por Osborne, “pertenece, al menos potencialmente, a las experiencias más extremas de la humanidad antes que a las ordinarias. Aún cuando domesticada, la sexualidad permanece como una de las fuerzas demoníacas de la conciencia humana.” Quizá para alguien como O’Donell sea mucho más desconcertante recibir este tipo de respuesta a sus afirmaciones: sí, masturbarse, o hacer sexo cómo y con quien se consienta y desee es algo radical y extremo, y el ser humano es suficientemente curioso y valiente como para querer experimentar ese algo. O en breve y en el idioma de la candidata del Tea Party: it is lustful, sure it is, let’s embrace it!”

AOL News, The Guardian, ABC News, The American Catholic, Reality Check,

The Telegraph, CBS News, The Injury Board, The New York Times.

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